BUCLE
Sentí que me perdí, pude saborear en primera persona la relatividad del tiempo. La realidad y el sueño se mezclaron y mi mente, pobre de ella, intentaba salvarse a sí misma supervisando cada paso que daba, cada palabra que decía y cada cosa que escuchaba. Mi cuerpo estaba presente en un lugar donde mi consciencia no estaba, el ahora era muy eterno, tanto que era totalmente incompatible con la razón. Me percibí cayendo en el pozo de la locura, bebí de sus aguas y vi sus fantasmas en el fondo. Me anclaba en total angustia a la realidad, buscaba cosas que fueran irrefutablemente reales: es real la letra de la canción que escucho, es real lo que veo en el escenario...¿Es real? ¿Qué siento? ¿Es calor? ¿Es frío? ¿Estoy llorando? La constante necesidad de confirmar mi cordura me llevó al reino del desespero, es el peor lugar donde he estado. Ni la muerte, ni el dolor se comparan al desespero. Pasaban las horas y la batalla interna era un grito sordo en el que nadie podía ayudarme. Era yo...
